El día en que Asturias le declaró la guerra al «tirano de Europa»

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La Junta Electoral vetó el homenaje a la insurrección del 25 de mayo de 1808 contra Napoleón por coincidir con la jornada de reflexión

 

L. Ordóñez en La Voz de Asturias

 

No hay un Francisco de Goya que haya pintado al óleo los sucesos de Asturias en el 25 de mayo de 1808. No hay pinturas de majos a navajazos contra mamelucos a caballo ni tampoco de fusilamientos nocturnos en Moncloa. No es siquiera una efeméride que se celebre de forma oficial e, incluso en esta ocasión, hasta la Junta Electoral ha considerado inconveniente el homenaje por si fuera a entorpecer la jornada de reflexión previa a los triples comicios autonómicos, locales y europeos. Pero lo cierto es que en esta misma fecha hace 211 años pasaron muchas cosas en Asturias y en Oviedo que no sólo cambiaron la historia del país y pusieron su granito de arena en modificar la del continente entero, fue la primera ocasión en la que se reconoció la soberanía popular en la península ibérica y fue también cuando se diseñó la bandera actual de Asturias, con fondo azul y su cruz de la victoria en amarillo.

 

Son varios los colectivos que, a lo largo de los años, han reclamado que se reconozca al 25 de mayo y no al 8 de septiembre como el Día de Asturias. Celebran el homenaje de forma constante el grupo de Entidades Memorialistas y republicanas que, en esta ocasión, recibieron el varapalo de la Junta Electoral. Los argumentos a favor de destacar la importancia de la fecha no son pocos y se trata de una historia digna de ver en una gran pantalla o en una pequeña, con sofá y mantita, porque tiene épica, emoción y giros inesperados.

 

Los ánimos ya estaban calientes en la comunidad en el mes de abril de 1808. Con los ejércitos napoleónicos paseándose libremente por el país como si ya fuera suyo, en Gijón estalló una algarada cuando Michel Lagonier, cónsul francés en el puerto de la villa se pone a arrojar panfletos contra la monarquía española y termina teniéndo que huir a la ciudad de A Coruña. En un tiempo en el que el medio de comunicación más rápido era un buen jinete sobre un buen caballo, las primeras noticias de lo que ocurrido en el levantamiento del 2 de Mayo en Madrid llega a Oviedo una semana después y con ese correo llega también una advertencia de Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, informando de que habrá penas y castigo contra cualquier rebelión ante las tropas francesas. Ese mismo día, el 9 de mayo, estudiantes de la Universidad de Oviedo asaltan la fábrica de armas e intentan forzar a la audiencia provincial para la insurrección; y lo hace.

 

En los días que siguieron a ese 9 de mayo hasta el 25 se sucedieron intrigas, amenazas que pasaban de veladas a manifiestas en cuestión de días, escapadas en la noche, cambios de bando no precisamente movidos por el convencimiento y la explosión del movimiento popular. Las instituciones del Antiguo Régimen pueden compartir nombre con nuestras audiencias y juntas generales pero ni su formación ni su funcionamiento tienen nada que ver con las contemporáneas. Compuestas por nobles y clérigos, las autoridades de Asturias tenían muy presentes las conminaciones que llegaban de Madrid para que no se alzaran en armas. Así, la misma Junta que el día 11 enviaba comisionados a León, Cantabria y Galicia para arengarlas a la rebelión pedía el día 13 el desarme del populacho en Oviedo. El miedo era real y motivado, el día 19 se recibe un correo extraordinario del Gobierno central (ya controlado por los franceses) señalando que tropas desde Castilla y Bilbao se dirigen a Oviedo para someterla y con la advertencia de pena de muerte si no se desarma a la población en 24 horas. Pero muchos no estaban conformes, el marqués de Santa Cruz le afeó la cobardía y juró que iría él solo a plantar cara a Pajares y «la posteridad sabrá que hubo un astur leal y bizarro que murió resistiendo solo en la invasión de este noble suelo». Al anochecer los rebeldes más convencidos, entre ellos Agustín de Argüelles, parten de la ciudad para reclutar al mayor número de hombres y resistir.

 

El día 21 quien llegó a Oviedo fue un coronel de la Legión de Honor napoleónica, que era ayudante de campo de Murat y además acompañado de ocho intimidantes miembros de la Guardia de Corps. Tenían la orden de fusilar a los miembros de la Junta que se había mostrado abiertos a la rebelión el 9 de mayo. Pero el embrión del ejército asturiano ya estaba en marcha, llegaron unos 2.000 hombres que hicieron campamento en lo que hoy es San Lázaro y otros tantos se acantonaron en San Cristobal y Otero. La autoridad del Antiguo Régimen se derrumba, los paisanos llegados de toda Asturias toman la fábrica de armas y constituyen la Junta Suprema, esta institución es totalmente novedosa porque reconoce su legitimidad en la soberanía popular.

 

Asturias formó su «Exército defensivo» y encargó a un grupo de notables, que tomó en consideración un informe de Jovelllanos, para diseñar una bandera para sus tropas. Esta es, con variaciones, la que hoy luce en el Principado, azul con la cruz de la Victoria y entonces llevaba el lema de «Asturias xamás vencida». La Junta Suprema declara la guerra «al tirano de Europa», nombra General en Jefe del Ejército del Principado a Joaquín Navia Osorio y Miranda Marqués de Santa Cruz y elige unos legados para enviar una embajada a Gran Bretaña y buscar su alianza en la guerra contra el mayor ejército de Europa en ese tiempo y uno de los mejores estrategas de la historia. La que se conoció como Guerra de Independencia en España y Guerra Peninsular en Gran Bretaña no terminó hasta 1814 y junto a mucha gloria y épica también dejó los primeros horrores del conflicto moderno que inspiraron otros de los cuadros de Goya, algunas de sus «Pinturas Negras».

 

Homenaje cancelado

 

En este 2019 iba a celebrarse un homenaje a estos hechos en la plaza de la Catedral de Oviedo, pero la junta electoral de Asturias lo vetó por coincidir con la jornada de reflexión y justificó su decisión por no «constar que la entidad solicitante haya venido celebrando las efemérides en cuestión de forma reiterada y continua durante las anualidades anteriores». La protesta de las Entidades Memorialistas y Republicanas convocantes fue inmediata y consideró «inaceptable» la decisión señalando además que la Junta Electoral «se atribuya competencias que exceden las que tienen asignadas por ley».

 

Los convocantes señalaron que este acto pretende conmemorar la declaración del pueblo soberano que se hizo por primera vez en Asturias y en España y «que es la base de la democracia, no entorpece para nada la jornada de reflexión sino más bien sería un orgullo para la democracia e incluso para el mismo proceso electoral, porque estas elecciones pueden celebrarse gracias al sacrificio y al largo recorrido que precisamente se inició ese 25 de mayo».

 

El profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Oviedo, Miguel Presno Linera, señaló al respecto en una publicación en su blog que la legislación atribuye a la Junta Electoral «competencias cuando se trate ‘de actos públicos de campaña electoral’, y no siéndolo -como parece evidente en el asunto que nos ocupa- cualquier decisión es competencia exclusiva de la Delegación del Gobierno en Asturias.

 

Presno Linera destaca además que la jurisprudencia del Tribunal Constitucional respecto al derecho de reunión en coincidencia con procesos electorales «proclama que el ejercicio del derecho de reunión debe prevalecer, salvo que resulte suficientemente acreditado por la Administración y, en su caso, por los Tribunales, que la finalidad principal es la captación de sufragios» y que así fue recogido en momentos de coincidencia de comicios con un acto a favor de la escuela pública o el Día de la Mujer en Andalucía en 2008.

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