De cómo Javier Fernández intentó pasar a limpio su fortuna en La Nueva España dominical

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Por Xoaca Bobela

Dicen que a José Ángel Fernández Villa lo están investigando porque a La Justicia no le encaja que tuviese debajo del colchón 1,4 millones de euros que regularizó en Hacienda. Pero sobre todo, lo que dicen que no encaja es que pudiera haberlos ganado con sus ingresos declarados, y eso es lo que hace sospechar que pudo haberlos adquirido de manera fraudulent

El descubrimiento colchonero de Villa hace mucho daño a Javier Fernández, su hijo político, ya villajavique el “tigre” se lo trajo como funcionario al Principado desde Santander, y le hizo director general, consejero y secretario general del PSOE de Asturias.

Cierto es que Javier no ha regularizado nada, y por lo tanto no sabemos si tiene, o no, dinero debajo del colchón. Pero patrimonio, lo que se dice patrimonio, que él mismo declara, tiene un montón. Y esa fortuna en bienes inmuebles que posee nuestro presidente ha llamado profundamente la atención de los ciudadanos, que saben lo que es ahorrar y pasarlas canutas con la crisis.

Cuando un personaje como Fernández, no poco presumiducu, se nos viste de campanillas a diario, para lucir palmito fotogénico, no nos puede contar que ha construido su fortuna quitándoselo de los cafés. Así que alguien tiene que explicar lo inexplicable. Y ahí llega el turno de Lucía S. Naveros, de la plantilla de La Nueva España, a la que parece haber tocado pasar a limpio el pastizal de uno de los benefactores de la empresa editorial ovetense. Lo del “pata negra”, en un hombre que se afilió al PSOE anteayer, y se pasó la Transición en las discotecas, vamos a dejarlo para otro día, porque aquí los panegíricos no son gratis.

gabitiniLos de LNE son hábiles equilibristas que hicieron una buena tirada a cuenta de Gabino de Lorenzo y Vicente Álvarez Areces que se balanceaban, como dos elefantes, en la visera del Calatrava, mientras hacían sus telas de araña, a cuenta del equilibrio PSOE-PP, Asturias-Oviedo. Dinero de aquí, dinero de allá. Estabilidad. Consenso. Equilibrio. E la nave va.

Cuando el PSOE y el PP se entienden, no se pisan las mangueras, y hay pasta gansa para las campañas con jugosas inserciones institucionales a cuenta de los gentiles y de los paganos, todo marcha. De ahí el pánico que produce el polinomio político. Cuantos más intervienen en las decisiones, mejor para la democracia y peor para la mangancia.

Por eso tenemos que volver a nuestro Fernández: el personal no entiende cómo es posible que un hombre como Javier, humilde funcionario del Principado, casado con una profesora de instituto, hijo y nieto de trabajadores sin patrimonio, haya hecho una fortuna para vivir un chalet en Somió, como los ricos. No es fácil de entender ni de explicar. Y más si su mentor, y por lo tanto, quien le dio muchas directrices sobre su labor política, está recluido en una azotea de Oviedo aquejado de síndrome confusional. Seamos sinceros: ¡es inexplicable y no hay más que hablar!

En realidad, Fernández repite la serie que marca su antecesor Areces, que cuando comenzó su tiogilito2carrera política, de la que nunca se apeó, era profesor no numerario y llevaba la buena nueva a los judíos en un Renault 4L amarillo. Siendo político se hizo catedrático y se pasó a los grandes expresos europeso, pero hasta la fecha nadie investigó cómo fue lo suyo. Ni lo de Gabino, ni lo de Fernández, ni lo de… Sólo se está investigando lo de Villa. ¡Por algo será!

La explicación sobre la fortuna de Javier Fernández, que dio este domingo Lucía S. Naveros, no tiene desperdicio y se comenta sola, pues en vez de esforzarse un poco, ante tan imposible reto, recoge entrecomillada la teoría que reconoce que le dictaron los “colaboradores” de Jamandula, es decir, el técnico fernandino en comunicación, José Manuel Piñeiro:

Tiene una casa en la colonia El Pisón, en Gijón, comprada en los 80, antes de entrar en política; un apartamento en Oviedo, cerca de la sede de Hunosa. Otro apartamento en Gijón, que utilizaba su hija Elena; hijo único, heredó la casa de su madre, y su mujer heredó la de su madre y también la de su hermana, al fallecer ésta. Hace poco adquirió un chalé en La Guía, con una hipoteca de 280.000 euros, carencia de dos años y con diez años de amortización, con el objetivo de vender la casa de El Pisón para pagarla.

Como no se lo cree ni Zeus, y menos que el chalé de Somió haya costado 280.000 euros como nos quieren hacer creer, con el burdo truco de hablar de la cuantía de la hipoteca, Lucía se ve obligada a insistir con más patéticas explicaciones de Piñeiro:

Es una persona que accedió a un buen sueldo de funcionario por oposición, cuya esposa también es funcionaria con un buen salario (fue profesora en el instituto de la Laboral, ahora ya jubilada) y solo tienen una hija. Es moderado, no fuma, no bebe y no gusta de grandes gastos. Parte de las propiedades las ha heredado, y otras las ha adquirido con completa honestidad.

Asombroso. El jefe de gabinete nos suelta un rollo, una excusatio non petita, para colocar en el mercado de los grandes camelos, que valdría para que media Asturias residiese en Somió, y la otra mitad en Monte Cerrao, y quedasen definitivamente abandonadas las barriadas de las cuencas, Gijón, Avilés y Oviedo -todos al chalet-, y ahí va Lucía, con su análisis “sociológico”, en el que pretende sintetizar cómo ha ocurrido algo tan sorprendente, como que este señor pueda declarar tan imponente fortuna y aquí no pase nada. ¡Es un “ascensor”! ¡El hombre sabe “subir”!:

Y es que si hay alguien que encarne el “ascensor” social de la clase obrera y socialista durante la segunda mitad del siglo XX, es Fernández.

Lo que no nos explica Lucía, en su poca afortunada metáfora, es por qué extraña razón, Fernández utiliza el “ascensor” sólo para “subir”, y no para “bajar”, porque los ascensores de la realidad tienen las dos direcciones, y se explica mal que cuando toda la sociedad en su conjunto está bajando, Javier suba de tan meteórica manera. Salvo que pague, claro, y ahí están las prodigiosas cantidades que sigue fundiéndose en publicidad el Principado de Asturias y sus empresas, para que nadie se pregunte por qué ciertos ascensores sólo sirven para subir.

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