El drama de Andalucía tras 37 años de Gobierno socialista: el PER se jubila pero los problemas siguen

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Corre el año 1978. En el salón de actos de la Diputación de Cádiz se constituye el 27 de mayo la Junta de Andalucía. Por 18 votos contra 13, sale elegido como presidente el socialista Plácido Fernández Viagas. Y desde entonces el socialismo nunca ha sido descabalgado de la Junta. 37 años dan para mucho. Pero no para conseguir que la economía andaluza despegue como debería.

El modelo ha reproducido los mismos defectos de la economía española pero multiplicados exponencialmente. Mientras que España arrojaba un desequilibrio con el exterior del 10% del PIB, Andalucía acumulaba un déficit por cuenta corriente del 17%, una cifra récord en el mundo

El presupuesto destinado al subsidio agrario del PER en Andalucía ronda los 200 millones de euros, exactamente lo mismo que se gasta la Generalitat de Cataluña exclusivamente en TV3

“El problema de la economía andaluza estriba en la baja cualificación de su mano de obra. Y eso se traduce en trabajos y servicios de poco valor añadido y escaso capital tecnológico. En Andalucía se lleva 20 años hablando de cambiar el modelo, pero no se ha hecho nada por elevar el nivel educativo”, comenta José Ignacio García Pérez

(Antonio Maqueda en Voz Pópuli)

Corre el año 1978. Un régimen caracterizado por el centralismo implosiona desde las tripas y se inicia la carrera por reconocer las identidades territoriales. En el salón de actos de la Diputación de Cádiz se constituye el 27 de mayo la Junta de Andalucía. Por 18 votos contra 13, sale elegido como presidente el senador socialista Plácido Fernández Viagas. Al día siguiente, el editorial publicado en el rotativo ABC se muestra emotivo a la par que trascendente: “La Junta de Andalucía es una esperanza serena de un pueblo antiguo que comienza a hacerse responsable de su propio destino”.

Y desde entonces el socialismo nunca ha sido descabalgado del poder en la Junta. 37 años dan para mucho. Pero no para conseguir que la economía andaluza despegue como debería. En aquellos primeros años de democracia, la Comunidad todavía sufre una sangría de población que emigra a otras regiones y países. Su retraso respecto al resto de España y Europa es notorio. Sin embargo, poco a poco esa fuga de personas remite. La llegada de fondos europeos a tutiplén, la modernización del sector agrario, el impulso del turismo, el auge de la construcción en el litoral y el gran salto de España en general dan un vuelco a este panorama. Hasta el extremo de que Andalucía entra en la primera década del siglo XXI convirtiéndose en una receptora neta de flujos migratorios. Por un instante, la brecha parece que se estrecha algo y la tasa de paro andaluza alcanza el 12 por ciento en 2007, cinco puntos más que la media española en el momento más parecido al pleno empleo que se haya conocido recientemente en España.

Pero la burbuja que infló el ladrillo estalla. Al mismo tiempo que la economía española se desmorona, la andaluza se desploma incluso con mucha mayor intensidad. A cierre de 2014, la ratio de parados en Andalucía asciende al entorno del 35 por ciento, diez puntos más que la tasa española. La estadística se revela como un fracaso todavía más manifiesto cuando se resta de la media nacional el impacto de los parados andaluces. Bajo ese supuesto, el diferencial se coloca en los 13 puntos. La anomalía es extraordinaria y enseguida resulta fácil fijar el objetivo en el antiguo PER, símbolo de todos los males de la economía andaluza.

Ahora bien, que el prejuicio no oculte una realidad bastante más compleja. El PER no representa la mayor lacra de la región. El presupuesto destinado al subsidio agrario en Andalucía ronda los 200 millones de euros, exactamente lo mismo que se gasta la Generalitat de Cataluña exclusivamente en TV3. La ayuda se distribuye entre unas 150.000 personas, el 3 por ciento de los 4,7 millones de población activa que hay en la Comunidad. Y la media de edad de los perceptores frisa los cincuenta y pico años desde que hace ocho años se cerrase el acceso a estas ayudas. Es decir, la realidad es que el PER está poco a poco en retroceso por la jubilación de sus beneficiarios, la mayoría de ellos mujeres.

Tras 37 años de gobierno socialista, los retos de la economía andaluza se antojan mucho más difíciles de solventar que el PER. El verdadero drama consiste más bien en que se ha desaprovechado todo este tiempo para reforzar la productividad de la economía andaluza, que sigue tristemente estancada en el vagón de cola. “El problema de la economía andaluza estriba en la baja cualificación de su mano de obra. Después de conseguir recortar mucho la tasa de analfabetismo en los años 80, el gap de formación con el resto de España sigue ahí. Y eso se traduce en trabajos y servicios de poco valor añadido y escaso capital tecnológico. En Andalucía se lleva 20 años hablando de cambiar el modelo, pero no se ha hecho nada por elevar el nivel educativo”, comenta José Ignacio García Pérez, profesor de la Universidad Pablo Olavide y miembro de Fedea.

Y ahí radica la descomunal dejadez del Gobierno socialista durante los últimos 37 años. Por mucho que el grado de formación de los padres sea determinante, ha fallado el sistema educativo. El modelo ha reproducido los mismos defectos de la economía española pero multiplicados exponencialmente. Mientras que España arrojaba un desequilibrio con el exterior del 10 por ciento del PIB, Andalucía acumulaba un déficit por cuenta corriente del 17 por ciento, una cifra récord en el mundo. Esa sobreinversión naturalmente se dirigió al ladrillo, que engordaba varios puntos del PIB más que en las demás regiones. Como consecuencia, el abandono escolar ocurre en Andalucía dos años antes que en el resto de España. Los jóvenes dejan los estudios para ocuparse en la construcción, el turismo o el campo. Tan dependiente de esos sectores, el empleo se torna muy estacional, fácil sumergir en la economía B y altamente sensible a las épocas de vacas flacas. Y así lo normal es que un andaluz trabaje por temporadas, alternando periodos de empleo con otros enganchados a las prestaciones de paro. Pero ni por esas cambian de municipio para encontrar un puesto de trabajo. Sólo un 3 por ciento de los desempleados lo hace, la tasa más baja de España tal y como se recoge en los datos más recientes del INE.

En una suerte de círculo vicioso, la baja formación supone una rémora para la competitividad y para el impulso de otros sectores más intensivos en conocimiento. Sea cual sea el área de expertise, la industria y los servicios profesionales andaluces arrastran unas cotas de productividad y de inversión llamativamente más bajos, como ya indicaba un informe de La Caixa fechado en 2007.

Para colmo, en un ambiente de impuestos asfixiantemente elevados, el poco negocio que existe de una gama más alta muchas veces sobrevive dopado por una política de subsidios que pretende elegir campeones regionales con escaso éxito. Valga un dato: el sector industrial únicamente copa el 12 por ciento del PIB andaluz frente al 17 por ciento del PIB que acapara a escala nacional. En semejantes circunstancias, aun contando con nueve millones de habitantes, no es de extrañar que en 2014 la inversión extranjera productiva neta apenas haya rozado los 267 millones de euros, de acuerdo con los datos facilitados por el Ministerio de Economía.

Pese al potencial turístico de la zona, las exportaciones andaluzas tan sólo suman el 20 por ciento del PIB regional, 13 percentiles por debajo del nivel alcanzado por España después de una brutal devaluación salarial. Si bien las exportaciones andaluzas son las que más crecen tras las catalanas, queda mucho terreno por conquistar en un mundo con una competencia cada vez más feroz. Para el que gane las elecciones andaluzas, la receta sólo puede consistir en fomentar desde la base la cultura del emprendimiento y mejorar drásticamente la formación al objeto de que los andaluces sean capaces de producir bienes y servicios de mayor calidad añadida. Eso sí, con más facilidades y mejores incentivos. Si con 60.000 euros un ciudadano es rico y paga impuestos como tal, el incentivo a largarse y generar crecimiento en otra parte se antoja enorme.

Aun así, Andalucía ha logrado converger en más de siete puntos con las cotas de bienestar europeas durante los últimos treinta años. Pero siempre lo ha hecho de la mano de España, porque en cambio no ha conseguido mejorar significativamente su PIB per cápita respecto al nacional. En todos esos años a duras penas ha remontado tres peldaños, desde el 74 hasta el 77 por ciento del PIB per cápita de España.

O dicho de otro modo, el comportamiento de la economía andaluza nunca ha logrado destacar. Y ello a pesar de años de transferencias desde otras regiones, si bien estos trasvases de dinero hay que matizarlos mucho. En el caso andaluz se da la paradoja de que se encuentra ligeramente infrafinanciado en el sistema autonómico a la vez que recibe un flujo constante de transferencias del resto del país. Tanto en criterio per cápita como ajustándolo teniendo en cuenta los costes para sus servicios que suponen la edad y la dispersión de la población, Andalucía aparece algo peor financiada que la media según los estudios publicados por Ángel de la Fuente y BBVA.

Dicho esto, pese a unos tipos marginales altísimos, para un PIB de unos 140.000 millones la Agencia Tributaria apenas recauda en Andalucía unos 500 millones de euros frente a los 2.200 millones que ingresa en Cataluña con un PIB de 180.000 millones. Los catalanes poseen un PIB per cápita 10.000 euros mayor que los andaluces, que ocupan la penúltima plaza de este ránking. Por este motivo, Andalucía percibe del resto una transferencia al año por persona de unos 880 euros según las balanzas fiscales de Hacienda. Lo cual se traduce en que la Junta gasta lo mismo en sanidad y educación que las demás, pero en cambio desembolsa bastante menos a la hora de sufragar otras políticas como por ejemplo la protección social. En cuanto al empleo público, éste se sitúa en el 19 por ciento de los ocupados, tres puntos más que la media pero mejor que Extremadura y al mismo nivel que Asturias, Castilla La Mancha y Castilla y León. Aunque también se trata de una Comunidad con más parados y, por lo tanto, con una mayor proporción de empleados públicos respecto a los privados.

El destino de los andaluces que perfilaba el diario ABC hace 37 años sigue aguardando el momento en que sus dirigentes se concentren en explotar las enormes potencialidades que presenta Andalucía más allá de sus problemas de falta de ambición y mentalidad. De California y su Sylicon Valley atraído por el buen tiempo tienen cero. Y de Florida, poquito. Con el agravante añadido de que una negociación para el encaje de Cataluña bien podría acabar detrayendo más fondos de las arcas sitas en el Palacio de San Telmo.

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